Cielo blanco, Cielo azul,
cerúleo y cándido,
Oh cielo infinito
que así te juzgan.
Cuando te miro, no comprendo tu albur.
Sólo destrozan tu alma esos cachos de algodón,
que emeergen y se dejan trajinar
por la brisa de poniente
que los empuja hasta el mar.
De inmaculado mutas
a nube gris,
agua, ruido y luz.
Me asomo a tu ventana y vislumbro ese matiz.
Doliente y abatido
se hunde injusto el animal,
no le confomra este limbo,
añora tu astral claridad.
Cielo, qué disprejo de noche.
De sombra, estás merto.
Negro, lóbrego, impenetrable,
que de día, marino, suave y transparente.
Tú, cielo, que irraidas contento.
Me contemplan
unos menudos destellos que al final
me encandilan
desde tu magna oscuridad.
Cielo, saboreo tus pájaros,,
husmeo tus nubes, Cieo.
Cielo,, palpo tus estrellas,
presiento tu sin vivir,
Cielo, lloro contigo, Cielo,
por lo que me haces sentir.
Pero, cuando rasgas tu moral
no quieres saber de mí,
te vuelves rudo y voraz.
Cielo misterioso
¿Qué hay en tu quinto rincón?
¿Qué posees después de tu luz?
Cielo...




